Efectividad vs volumen

En el hermoso deporte del baloncesto existen todo tipo de jugadores, los hay super-estrellas, trabajadores, líderes, francotiradores… Abejas reina y abejas obreras también. En ocasiones, los jugadores que son considerados líderes de un equipo o jugadores franquicia, deben echarse al conjunto a sus espaldas, sacar la cara cuando hay poco acierto por parte de los compañeros, ser EL hombre que se necesita para ganar… ademas claro de generar un importante aporte (sobretodo en cuanto a puntos anotados) cada noche.

Comienzo a tener un poco de conflicto cuando observo a esos hombres de acero con el deber (muchas veces auto-impuesto) de anotar veinte, treinta o cuarenta puntos cada partido, tomando cada jump-shot que pueden, penetrando contra dos o tres rivales, botando más de lo que deberían para intentar llegar a la canasta… Vamos a veces hasta esperando ser ellos y sólo ellos quienes realicen una asistencia a un compañero, ya que no existe una estadística de “Pases previos a asistencia por partido”.  La línea entre el egoísmo y el heroísmo se hace delgada.

Para ilustrar un poco más a que me refiero, tomaré dos ejemplos que creo conocer bien, pues son mis dos jugadores favoritos en toda la NBA: Steve Nash y Kobe Bryant.

El primero es el base de los Phoenix Suns, dos veces jugador más valioso de la liga, y finalista de conferencia… sin anillos de campeón. Kobe ha sido una vez MVP y lleva ya cinco campeonatos, a pesar de las estadísticas hay que mirar más allá para comprender un poco el estilo de juego de cada uno.

Steve es pura bondad, es un jugador inteligente que tiene una gran capacidad de anotar y asistir a sus compañeros, pero lo hace siempre pensando en lo mejor para su equipo, así que si buscan un video con jugadas de Steve, probablemente verán penetraciones difíciles, tiros completamente abierto y muchos pases de gran calidad.  La posición en la que juega lo lleva a tener el balón más tiempo que ningún otro jugador, sin embargo nunca parece enredarse con él, deja que el juego fluya y no manipula ni fuerza las acciones durante el partido, si no se puede tirar o penetrar, busca el pase, si no hay compañeros libres sigue botando, busca el hueco, analiza y ataca de repente… detenerlo es complicado y sus dos nombramientos como jugador más valioso de la temporada se deben a lo mucho que contribuyó en el desempeño de su equipo.

Por otra parte tenemos a uno de los hombres más odiados y poderosos del baloncesto mundial. Kobe Bryant es un excelente jugador, uno de los mejores en la historia, lo tiene todo, drible, pase, tiro, penetración, inteligencia… Y él lo sabe, se ha visto desde que Shaq partió hace ya varios años de los Lakers, con el pesado paquete de ser el referente, aunque en realidad la magia de Bryant va más allá de eso. Él es uno de los baluartes de la liga, es un referente obligado para el all-star de cada año, y su promedio de anotación es bárbaro 25.4 puntos por partido, más de 5 rebotes y cuatro asistencias por juego también. Es uno de los que soñó con ser el heredero de Michal Jordan y el que más cerca ha estado de alcanzarlo. Sin embargo su mentalidad y madera de líder lo orillan muchas veces a cometer errores que dañan el desempeño de su equipo, en cantidad de jugadas Kobe bloquea la posibilidad de pasarla y sólo piensa en: A) meter la canasta, o bien B) Sacar la falta e ir a la línea de tiros libres. En varios momentos durante el partido, Kobe interrumpe el flujo del juego para enfrentarse él solo a una ferrea defensiva, a veces realiza hasta dos o tres fintas, giros, etc. con tal de liberar el camino al aro, puede resultar puede que no, pero este tipo de baloncesto (aunque en ocasiones necesario) no es en absoluto beneficioso para el equipo.

A veces la obsesión por ganar es tal que los jugadores pueden bloquearse y empecinarse en obtener la victoria por sí solos, en otras ocasiones, un jugador puede tener un mal día y seguir forzando tiros para demostrar quien es el hombre. Es por eso que cuestiono ¿Es mejor tirar una y otra vez para hacerse de muchos puntos aunque así se consuman gran cantidad de posesiones infructuosas o es preferible ser efectivo y aprovechar sólo las situaciones fáciles del juego? Es difícil decidir puesto que a veces anotar es muy complicado y sólo la magia y talento de una gran estrella puede sacar al equipo del hoyo o hacer el tiro ganador, pero aún así creo que prefiero los jugadores que pueden hacer su trabajo y ser los líderes de su equipo sin necesidad de caer en individualismos, en vez del sórdido monólogo de algunos jugadores que olvidan que también son humanos.

¡Larga vida al baloncesto!

Published in: on diciembre 28, 2010 at 9:24 pm  Dejar un comentario  

La diferencia

No me atrevo a creerme un enterado del mundo del basketball, el maravilloso deporte ráfaga, pero a través de la práctica del mismo y los diferentes partidos, análisis, clínicas, comentarios, etc. Que he podido ver, puedo comprender un par de cosas, entre ellas creo que he podido descubrir lo que separa a un buen jugador de un gran jugador, a un talentoso de un líder, a un ganador de un promedio…

La palabra clave como en otras ocasiones es: mentalidad. A cualquier nivel de baloncesto, colegial, profesional, bueno hasta en las cascaritas de canchas de asfalto y aros sin redes; los grandes jugadores se distinguen de los demás por tener una fuerte mentalidad ganadora, en ocasiones ésta misma se combina con el talento dando como resultado a genios del estilo Michael Jordan o Kobe Bryant, pero en otras instancias, la mentalidad suple al talento y empuja al jugador hacia objetivos más grandes y lo lleva a superarse a sí mismo… Larry Bird puede ser un excelente ejemplo, ya explicaremos por qué.

Cuando un jugador tiene un mentalidad en donde la victoria es la única opción, trabajará todos los días para alcanzarla, será su único objetivo y comprenderá que a veces se deben hacer grandes sacrificios para llegar hasta ella, no siempre la estrella del equipo va a encestar la canasta ganadora, no puede anotar todos los puntos, ni jugar solo, a veces debe comprender que si quiere ganar debe contar con un equipo y guiarlo, empujarlo y arrastrarlo hasta que llegue el momento de vida o muerte, de encestar o irse a casa… en ese momento, el resto del equipo volteará a verlo y él comprenderá que debe tomar LA decisión.

Y en muchas ocasiones la decisión será en apariencia tomada por el entrenador, pero en la cancha, sobre la duela todos saben que el único líder es ese gran jugador, él es el que puede hacer la diferencia y su mentalidad lo guiará para tomar la mejor opción. Muchas veces ésta será realizar el tiro más difícil, pero un gran jugador debe saber cuando pasar, cuando cometer una falta, una tapa, una clavada o un  triple… pero no lo piensa, lo hace en automático, su mentalidad de triunfo lo orilla a eso.

Hablando con nombre propios de nuevo, de todos los grandes líderes tal vez jamás haya existido uno como “Su aérea majestad”… Jordan para los que no lo sepan. Además de tener el cuerpo ideal, lo que lo hacía verdaderamente grande era poder sacar ventaja de todas las diferencias que existían entre él y sus rivales, cada pulgada, cada salto, cada enceste… luchaba por todo, daba todo de sí durante 48 minutos como si no hubiera un mañana, pues para él no lo había; quería ganar hoy.

Y Michael era el talento viviente mezclado con esa hambre de triunfo insaciable… ahí radicaba su grandeza, en nunca darse por vencido, en querer siempre marcar claramente la diferencia, en ser un factor de peso, si alguien lo retaba el respondía siempre dando lo mejor de sí, y si aún en el caso de ser derrotado, su mente lo obligaba a entrenar más y más hasta poder vencer… así es como Michael además de ser el mejor jugador de todos los tiempos, es también un gran golfista, jugador de ping pong y baseballista.

Por otro lado tenemos al genial Larry Bird, el blanco y trabajador Bird. Bird fue un hombre importantísimo para el basquetbol, su rivalidad con Magic Johnson siempre se basó en la siguiente consigna: El talentoso vs El trabajador. Magic era el talentoso….

A pesar de lo anterior, Bird tenía muchísimas cualidades para el basquetbol, pero era su madera de líder lo que lo volvía implacable, su deseo de ganar y ser siempre el mejor lo colocaba por arriba de la mayoría. A pesar de que su condición física nunca fue envidiable, tenía una inteligencia enorme, era un líder, un anotador y un jugador duro.

Y todo esto es la diferencia que logra la diferencia… la mentalidad y el hambre de triunfo son vitales no sólo en el basketball sino en cualquier área de la vida, en cualquier nivel de juego es de suma importancia fijarnos objetivos y siempre tratar de ganar… no importa cuando ni donde, la mentalidad y la confianza que ésta genera se ve reflejada en toda y durante toda la vida.

Published in: on diciembre 14, 2010 at 10:11 pm  Dejar un comentario  
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